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DATO | EL EJERCICIO AYUDARÍA A LAS PERSONAS DEPRESIVAS

La depresión es una enfermedad que actualmente se encuentra presente en todo el mundo. De acuerdo a los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que afecta a más de 300 millones de personas.

Se trata de una patología grave porque puede afectar severamente la salud de quien la padece, especialmente cuando su duración e intensidad son de moderadas a graves.
La OMS estima que cada año se suicidan cerca de 800 mil personas como consecuencia de la depresión, al tiempo que el suicidio se posiciona como la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años.

Aunque hay tratamientos eficaces para la depresión, más de la mitad de los afectados en todo el mundo -y más del 90% en muchos países- no recibe esos tratamientos. La falta de recursos y de personal sanitario capacitados, además de la estigmatización de los trastornos mentales y la evaluación clínica inexacta, se encuentran entre los principales motivos por los que una persona podría no recibir el tratamiento correcto.

Uno de los datos más contundentes que difundió la OMS indica que la carga mundial de depresión y de otros trastornos mentales está en aumento. Así, la importancia de la prevención, la detección y el tratamiento de esta enfermedad se configuran como factores altamente relevantes para evitar que la prevalencia continúe subiendo.

La depresión moderada y grave se puede tratar desde diversos ángulos. La OMS señala, en primer lugar, que los profesionales sanitarios pueden ofrecer tratamientos psicológicos, como la activación conductual, la terapia cognitiva conductual y la psicoterapia interpersonal. Además, existe la posibilidad de recetar medicamentos antidepresivos, que suelen tener un impacto efectivo en el paciente.

Sin embargo, no son las únicas terapias disponibles para tratar una patología como la depresión. En octubre del 2018 se publicó un estudio que señala el impacto que un factor hasta el momento subestimado puede tener en los pacientes depresivos. Publicado por la Asociación Americana de Depresión y Ansiedad, explica que hasta el momento los efectos del ejercicio aeróbico en pacientes adultos clínicamente deprimidos en comparación con aquellos que no hacen ejercicio.

Las personas que se tomaron como muestra se encuentran dentro del sistema de servicios de salud mental estadounidense y tienen un diagnóstico de depresión severa. 
Es importante aclarar que el estudio se realizó en base a once ensayos que comprenden una muestra de 455 pacientes, de edades entre 18 y 65 años. Todos ellos practicaron ejercicio aeróbico supervisado durante una media de 45 minutos, con intensidad moderada, tres veces a la semana, durante 9,2 semanas.

Al final de ese proceso, los resultados fueron positivos. Los pacientes evidenciaron un efecto antidepresivo notable en general comparado con el efecto de los medicamentos antidepresivos o de las terapias psicológicas.

¿Cuáles son los tipos de depresión y qué sintomatología presentan?
De acuerdo al número y a la intensidad de los síntomas, los episodios depresivos pueden clasificarse como leves, moderados o graves.
En primer lugar, es necesario establecer una distinción entre la depresión en personas con y sin antecedentes de episodios maníacos. Ambos tipos de depresión pueden ser crónicos y recidivantes, especialmente cuando no se tratan.

Por otro lado, existe el trastorno depresivo recurrente que, como su nombre indica, se caracteriza por repetidos episodios de depresión. Durante estos episodios, la persona presenta un estado de ánimo deprimido, pérdida de interés y de la capacidad de disfrutar, y reducción de la energía que produce una disminución de la actividad, todo ello durante un mínimo de dos semanas. Muchas personas con depresión también padecen síntomas de ansiedad, alteraciones del sueño y del apetito, sentimientos de culpa y baja autoestima, dificultades de concentración e incluso síntomas sin explicación médica.

El trastorno afectivo bipolar es otro de los tipos de depresión que una persona puede padecer; consiste característicamente en episodios maníacos y depresivos separados por intervalos con un estado de ánimo normal. Los episodios maníacos se presentan con un estado de ánimo elevado o irritable, hiperactividad, logorrea, autoestima excesiva y disminución de la necesidad de dormir.

Por último, los pacientes que padecen episodios depresivos leves suelen presentar alguna dificultad para seguir con sus actividades laborales y sociales habituales, aunque en la mayoría de los casos no las suspenden por completo. Es aquí donde se encuentra la principal diferencia con un episodio depresivo grave, donde es poco probable que el paciente pueda mantener sus actividades sociales, laborales o domésticas si no es con grandes limitaciones.

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